Que triste para los familiares del connotado Dr Roberto Galva Jiménez, -primer fallecido por el COVID-19- haber pasado su peor pesadilla.

El Dr Galva Jiménez fue contagiado por su hija, funcionaria del Hospital de Alajuela, quién a su vez, fue contagiada por una persona de afuera que traía el virus y lo trasmitió a 16 personas más en dicho nosocomio.

El Ilustre galeno, laboró durante 45 años con la Caja Costarricense de Seguro Social, lo hizo por muchos años en el Hospital de Niños donde fungió como subdirector y, también en los Hospitales México y de Alajuela.

Así las cosas, a pesar de haber dado su vida por la salud del pueblo como médico de la Caja Costarricense de Seguro Social, fallece en uno de sus hospitales, en el mayor de los anonimatos e inadvertido para muchos, ya que lo único que se supo fue, “que murió una de las personas que estaba en cuidados intensivos de 87 años”.

Es irónico y duro para su estimable familia que, después de semanas de no poder tener contacto con su ser amado, simplemente se da la noticia como un número, además, cuando se les notifica de su defunción el 18 de marzo de los corrientes a las 4:15 pm, tienen que acatar con la mayor de las responsabilidades, la medida del Ministerio de Salud de cremar su cuerpo, como parte de la lucha contra el COVID-19

La parte mas dura para sus familiares, ya que se pide evitar las aglomeraciones, tienen las cenizas de su padre a la espera que pase este calvario, con el fin de que, en el momento oportuno, junto a sus allegados y familiares, – como buenos católicos-, le puedan hacer una vela y un funeral digno, para así, darle cristiana sepultura.

Ahora bien, tenemos que ser consecuentes con lo que ha pasado esta honorable familia, esto es una muestra más, de la amarga situación que podemos pasar CUALQUIERA DE NOSOTROS, en el momento que el abuelo, el padre, el hermano, el cuñado o, el amigo salga positivo, podemos en el peor de los casos, darle la despedida para siempre  porque no lo volveremos a ver, inclusive, ni en su cofre o ataúd, por cuanto al fallecer, se tiene que cremar de inmediato o sepultarlo sin amigos ni familiares, o sea, su último adiós, fue en vida cuando se lo llevaron para el hospital.

Estoy tratando de inventarme al igual que mi señora, para permanecer dentro de mi casa y, así evitar engrosar la lista de fallecidos por el coronavirus, ya que somos adultos mayores.

Aunque sea insoportable el sentirnos como amarrados dentro de nuestros hogares, busquemos que hacer, hay mucho que hacer dentro de casa, pero por favor, no salgamos y lavémonos las manos constantemente….

Roberto Mora Salazar

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